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Un año de full remote

Menuda suerte tengo de trabajar en el desarrollo de software y poder tener un lugar de trabajar tan flexible como el tener una conexión a internet y un ordenador.

Ayer, 11 de marzo, se cumplió un año desde que pisé por última vez la oficina. Aquel día lo recuerdo muy bien, hasta ese momento el rumor era una broma en los pasillos, era algo irreal que nos mandaran a teletrabajar de forma indefinida, todo eran especulaciones y parecía complicado que se cumpliera la noticia de que íbamos a estar dos semanas de full remote.

Lo que en un principio eran dos semanas, hoy llegó al año, lo que empezó con dudas y un poco de caos se convirtió en una experiencia que no ha podido traer más que resultados positivos por mi parte, ya que además de las ventajas de no coger el coche cada mañana y el gasto de tiempo y dinero que conlleva, pude volver a mi tierra y dejar de ser una isla sola alejado de mi familia.

Recuerdo lo extraño que fue terminar el sprint que llevábamos a medias, las dudas en las reuniones, como hacer la review con el cliente y conseguir los feedbacks y refinamientos, cosas que ahora nos salen naturales como poner la cámara, compartir pantalla o cuidar lo que se ve al fondo, tuvimos que aprenderlas sobre la marcha deprisa y corriendo.

Este ha sido un año de aprendizaje para todos, para empezar fue necesario un volver a empezar para ganarse la confianza de los clientes, demostrarles que nuestro trabajo tenía exactamente la misma calidad que cuando lo desarrollábamos todos juntos en la oficina, por suerte estos clientes supieron adaptarse a las circunstancias y estar a la altura para que mano a mano pudiéramos sobrevivir a este año más digital que nunca.

La parte más complicada de todo esto ha sido perder esa ventaja de ir al sitio de quien haga falta y solucionar la dependencia en cinco minutos y sin duda es extraño trabajar con gente a la que realmente no he conocido en persona, aunque nada de esto ha sido una desventaja real y la tecnología y la predisposición de todos ha hecho que funcione de maravilla el equipo a pesar de la distancia, un poco de contacto humano no está de más.

Ahora me he acostumbrado a los cafés virtuales, que las demos se hayan convertido en compartir tu escritorio, a las llamadas por hangouts de cinco minutos y que las personas se hayan reducido a una pequeña ventana, estoy seguro de que cuando viva las desvirtualizaciones me resultará extraño ver que ese torso tiene piernas, una forma en 3D y se mueve.

Aunque hay gente muy positiva que cree que el teletrabajo llegó para quedarse, en España no lo tengo tan claro o al menos el full remote como disfrutamos ahora. En mi opinión iremos poco a poco en una vuelta a la normalidad a lo largo del 2022, seguramente como mucho en lo que habremos avanzado es en disponer varios días a las semanas de teletrabajo y que no sea una desventaja esos días en los que no estarás de forma presencial.

Tampoco podemos olvidar a los empresaurios, esos que aman ver a sus subordinados 8 horas sin levantar la cabeza, esos tipos no se han extinguido, las circunstancias les obligo a estar en letargo durante 2020, algunos se quitaron la careta cuando llegó el verano y otros tantos aprovecharon el comienzo del 2021 para salir de su cueva, seguro que su esperanza en el 2022 es muy distinta.

Lo que si tengo claro es que ahora en las ofertas de empleo será un punto a discutir en el proceso de selección y una manera de descartar ofertas a la primera, es la única manera que veo con la que podemos presionar, que empiecen a comprobar que se les complican las contrataciones porque los candidatos no aceptan trabajar siempre en la oficina.

Quiero seguir conservando esta libertad de trabajar donde quiera y con un horario racional que se adapte a mis necesidades, en mi tejado está el demostrar que mi calidad y velocidad de entregas será la misma que antes del confinamiento.