
Para conocer bien la capital portuguesa se merece que le dediquemos un par de días (a parte del día que le dedicas a Belem), en mi caso fue día y medio, así que fueron las cosas un poco más a la carrera.
En mi humilde opinión lo más espectacular de Lisboa ya lo hemos dejado atrás, en Belem, pero sigue teniendo muchas cosas que merecen nuestra atención.
En la visita hay que tener en cuenta que esta ciudad tiene aún muy presente el gran terremoto que sufrió en 1755 (seguido por un maremoto y un incendio) que prácticamente destruyó toda la ciudad (ojo, murieron entre 60.000 y 100.000 personas e incluso llegó a sentirse en España, por ejemplo en Sevilla hubo 9 muertos, 89% de las viviendas destruidas y nuestra querida Giralda resultó afectada), así que la mayoría de las edificaciones que encontraremos son del Siglo XIX en adelante.
Vale, ¿entonces que vamos a ver? Pues para tener las cosas claras, ¿qué tal mirar las cosas desde arriba?
Elevador de Santa Justa

No se ha visitado Lisboa hasta que no te subas al elevador, de principios del Siglo XX, de Santa Justa. Te eleva a 45 metros de altura y tiene una preciosa panorámica de la ciudad (la foto que abre este post está tomada desde este elevador).
Para subir necesitas un par de cosas, lo primero paciencia, todo el mundo quiere subir y la cantidad de gente que puede subir es limitada, así que es muy posible que 20 minutos a la cola no te los quite nadie y lo otro es tener cinco euros por persona o el billete del bus turístico, que te comente en el anterior post, que entonces no tienes que pagar
Tranvía

Un símbolo de Lisboa y una buena manera de desplazarte por la ciudad (gratis si tienes el bono del autobús turístico), toda una experiencia observar al conductor moverse por la ciudad a la antigua usanza (pobre como le quedará el brazo después de todo un día), despacio, pero seguro, pocas oportunidades como esta tendrás de viajar como se hacía hace más de un siglo.
Catedral

Tremendo chasco que nos llevamos con la Catedral Santa Maria Maior, la que es la iglesia más antigua de la ciudad, sufrió en gran medida el terremoto de Lisboa y fue prácticamente reconstruida entera, realmente no tiene mucho que destacar, ya que la parte más interesante (el convento) está en ruinas y muy poco cuidado, salimos muy defraudados, pero bueno, ya que la Catedral la encuentras camino al Castillo de San Jorge, no pierdes nada entrando y echando un vistazo (la visita es gratis, aunque te cobran un par de euros por ver las ruinas del convento), aunque sea por ver los restos arqueológicos que han encontrado en su interior, pero lo bueno viene unos metros más adelante subiendo una pequeña cuesta
Castillo de San Jorge

No se con que quedarme, si con el magnifico castillo (6000 m² que tiene en total el recinto) o con las vistas que tienes desde él.
La historia nos cuenta que, como no podía ser de otra manera, los moros fueron los precursores del Castillo (por lo que antes se llamaba Castillo de los moros) hasta que Portugal por fin tuvo un rey, Alfonso I (Siglo XII), que se se empeñó en recuperar la fortificación y le llevo nada menos que tres meses conseguirlo.
Puente 25 de abril y el Cristo Rey

Desde muchos puntos de Lisboa se ve a lo lejos un enorme Cristo de cien metros de alto al otro lado de la orilla del Tajo, es el conocido como “Cristo Rey“, copia del conocido “Cristo Redendor” de Rio de Janeiro, y merece la pena su visita por dos motivos, el primero ver tan colosal monumento de cerca, el segundo, pasar por el largo puente “25 de abril” de dos kms de largo, en teoría tiene peaje, pero cuando nosotros pasamos estaban las barreras levantadas y pasamos libremente.
En dos días poco más da tiempo a disfrutar Lisboa, se puede aprovechar el poco tiempo que sobra para montar en un autobús turístico y que te lleve por otras zonas de la ciudad, como por ejemplo visitar lo que queda de la Expo 98 o el Acueducto de las Aguas Libres, una de las obras del Siglo XVIII que sobrevivió al terremoto de 1755.
Cuidado con el parking Portas do Sol
Para el primer día cometimos el error de estacionar el coche en el Parking robótico Portas do Sol, a primera vista muy moderno, ya que aparcan tu coche de forma automática y tu no tienes que hacer nada, con él nos pasó dos cosas, nos cobraron un ojo de la cara y cuando nos devolvieron el coche, el simpático robot nos había cortado la antena, así que no te recomiendo probar tan bonito dispositivo, mejor un parking de toda la vida donde tu aparcas, más barato y más seguro para el coche