Estoy sentado en el pupitre de clase, el aula creo que se corresponde con la del primer instituto que estuve, no reconozco a las personas que están sentadas tanto a mi derecha como a mi izquierda, una profesora, también desconocida, está repartiendo exámenes, parece no conocer a sus alumnos ya que dice los nombres en alto para que levantes la mano al grito de ¡yo! Dice mi nombre, le señalo donde estoy y mientras se acerca va mirando la nota del examen con gesto de aceptación, en mi interior se que es buena señal, veo la nota y he conseguido un 8.5, las preguntas y las respuestas están difuminadas (aunque si reconozco mi letra), no puedo saber de que asignatura se trata.
Le doy la vuelta a la hoja y veo que la última pregunta no tiene respuesta, solo una raya y un cero escrito (supongo que por la profesora). En el anverso de la hoja están todas las preguntas correctas menos una, que está escrito “piénsalo mejor” junto a la palabra subrayada, pierdo medio punto, junto con el punto de la otra pregunta corresponde el punto y medio que que me falta para conseguir el 10.
Empiezo a disfrutar la buena calificación conseguida cuando empieza a sonar “La mataré” de Loquillo, es el despertador, empieza la semana.
Imagino que todo el que ha deseado tener 


